Hoy me sonó el despertador, me levanté de la cama, desayuné, me bañe, leí las noticias y abrí la ventana.
Después de pasar una semana en unas de las playas más lindas de Brasil, de levantarme a la hora que quisiese y no tener que pensar en nada más, el panorama de hoy, no tenía nada que ver a eso.
Abrí la ventana y vi a mi vecino sacándose la remera, es decir que lo vi en cuero, con el cepillo de dientes en la boca y saludándome con la mano derecha. Confirmo nuevamente que el panorama no es el mismo. Ni es el que me gustaría seguir viendo por el resto de mis días.
¿Qué puedo hacer para extender la sensación de Club Med por más tiempo?
¿Qué puedo hacer si no tengo un grupo de G.O´s en mi casa que me organizan lo que tengo que hacer cada día, que me llevan la cartera de un lado a otro, que me preparan el desayuno y me dejan en un tupper mi almuerzo preparado, que para ir a trabajar no tengo un trapecio que me balancea y me deja parada en la esquina, que si hace calor en la ciudad, puedo tirarme en la pileta y seguir caminando?
¿Qué puedo hacer si mi vida no es un All Inclusive?
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No se me ocurre nada positivo, solo entender que mis vacaciones son así y las tengo que disfrutar los días que son y que mi vida sigue como siempre estuvo, que puedo cambiar algunas cosas, como mudarme, cambiar de trabajo, salir a otros lugares, hacer distintos recorridos. Y seguramente después siga deseando lo mismo.
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Y ahora entendí.
¿Qué puedo hacer?
Cambiar mi actitud, saber disfrutar en cada momento cada cosa, y saber disfrutarme, disfrutar lo que tengo, que soy afortunada, disfrutar mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi salud, disfrutar cuando mi marido me prepara el desayuno y cuando el me malcría. Disfrutar de las pequeñas cosas de cada día que son las fáciles de olvidar y las más simples de reclamar.
Sé que mi vida no es un All Inclusive, pero tengo todo para empezar a creer que sí lo es.
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